No migramos ningún equipo sin antes saber qué software usa. Esto evita el escenario que más preocupa a una pyme: migrar y descubrir después que algo imprescindible ya no funciona.
El análisis previo
Antes de tocar un equipo, hacemos un inventario del software que usa esa persona en su día a día: qué programas abre, con qué frecuencia, y si tiene alternativa disponible en Linux. Solo migramos los puestos donde ya sabemos que todo va a seguir funcionando.
Alternativas que solemos encontrar
Muchos programas de uso habitual en oficina tienen equivalentes libres en Linux (ofimática, edición de PDF, gestión básica) o directamente funcionan igual porque son herramientas web que se usan desde el navegador. En bastantes casos, la "incompatibilidad" que se teme no llega a producirse.
Cuando no hay alternativa: mantener Windows
Si un programa concreto no tiene alternativa viable en Linux y es imprescindible para ese puesto, la solución no es forzarlo: mantenemos ese equipo en Windows dentro de una estrategia híbrida. Es preferible tener un puesto sin migrar que un puesto migrado que no puede trabajar con normalidad.